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Baterías de Diamante: una nueva forma de sacar provecho a los desperdicios nucleares

Científicos analizan la posibilidad de reutilizar los desperdicios nucleares a fin de inaugurar una nueva era de energía eléctrica. La cuestión es, ¿pueden ser las baterías de diamante (BD) la alternativa que se necesita para impulsar una nueva clase de auto eléctrico?

Salvar al planeta depende en buena medida de poder introducir “circularidad” a los procesos de producción y consumo de todas las industrias. Ello no es más que emplear lo que se denomina basura como materia prima o insumo de nuevos objetos. Eso impediría el arribo de desechos contaminantes a lugares donde no pertenecen.

Sacar partido del desperdicio orgánico, del papel, plástico y los electrónicos parece relativamente sencillo, pero hay formas de desechos industriales, químicos, médicos, etc., con los que no es fácil lidiar. Sin embargo, en la cúspide de los residuos peligrosos, el común de las personas ubicará al nuclear. Es por ello que, cuando hace poco la Universidad de Bristol, Reino Unido, anunció un proyecto para potenciar baterías a partir de residuos nucleares, cejas se levantaron.

La mayor cantidad de estos desperdicios, y de hecho los más peligrosos, son un subproducto de la fisión nuclear de plantas generadoras de energía, en forma de bloques de grafito que, por su exposición a un entorno altamente radioactivo, se alteran volviéndose también radiactivos. Con el paso del tiempo, estas barras, en su mayoría recubiertas de carbono 14, atravesarán un proceso natural de decaimiento, que lo retornará a una forma inocua.

El problema radica en que tal proceso puede tomar cientos, miles, e incluso millones de años. Ello ha llevado a países como Francia, Inglaterra o Estados Unidos, que han apostado fuertemente por la energía nuclear para su suministro energético, a buscar forzosas maneras de contener las miles de toneladas que han generado en desperdicio nuclear de largo decaimiento, en estructuras como depósitos geológicos profundos, e incluso con reprensibles intentos de exportar estos desechos a países del tercer mundo. Sin embargo, los cambios naturales y sociales que pueden ocurrir en el transcurso de milenios, cuestionan la idoneidad de estos métodos para garantizar contención y sostenibilidad en el larguísimo plazo.

De ahí la importancia y originalidad de la propuesta de la Universidad de Bristol. El proceso de reaprovechamiento consiste en calentar las barras radioactivas de grafito para vaporizar y captar el Carbono 14 en su superficie. Luego mediante un proceso de concentración de alta temperatura y baja presión, se utiliza el gas para formar un diamante artificial (que confiere el nombre a la batería) ya que es otra forma de carbón. Luego, para garantizar la seguridad del dispositivo, un encamisado de carbono no-radioactivo se coloca sobre el diamante sellándolo definitivamente.

Queda construida así una batería que no requiere reacciones químicas, no tiene ánodos ni cátodos, no precisa recargas o reemplazo, y que será capaz de producir energía limpia de modo estable por los próximos 5 mil años o más, sin duda ninguna “los diamantes son para siempre”. Ahora, la limitante fundamental de las BD es que la cantidad de energía que producen es baja, menor aún a cualquier batería AA convencional.

Por lo tanto, la respuesta es no. Para que un automóvil eléctrico actual se impulse con BD, tendría que duplicar su peso. Para moverse tendría que tener encima de la carrocería un volumen similar únicamente destinado a albergar las baterías, algo que implicaría todavía mayor consumo energético. Por lo que, cuando menos desde el punto de vista del desplazamiento y la sobrecarga, las tecnologías contemporáneas, como litio-hierro-fosfato, siguen siendo más eficientes.

Ello no significa que las BD no puedan tener otras aplicaciones valiosas, especialmente en aquellos ámbitos donde reemplazar las fuentes de energía es difícil, como en el campo de la salud humana en marcapasos o prótesis avanzadas; en satélites o en equipos de localización y monitoreo remotos. Piénsese, por ejemplo, en la desaparición del vuelo 370 de Malaysia Airlines de 2014, uno de los mayores misterios de la historia de la aviación. En ese caso, las baterías de la caja negra permitieron mantener una pulsión de ubicación por un plazo de apenas 40 días.

Incluso en los vehículos podrían jugar un papel complementario. Al hacerse cargo de ciertas tareas aisladas del sistema eléctrico, como indicadores en el tablero, luces en los espejos interiores, etc. podrían coadyuvar a un mayor ahorro energético y durabilidad de la batería principal.

No obstante, resta completar ensayos en este tipo de baterías, por lo que pasarán todavía algunos años para que las BD puedan ser halladas en dispositivos al alcance del público, pero incluso a pesar de eso, una opinión pública escorada contra la energía nuclear, avizora desde ya recelo ante la posibilidad de “llevar un Chernóbil en el bolsillo”. Estos juicios a criterio de sus proponentes resultan incorrectos, ya que el recubrimiento de carbono (sea dicho de paso, el material más duro conocido por el hombre) es tan eficiente para contener la radioactividad, que la BD no emite más radiación al exterior que un guineo (Banana Equivalent Doce), por lo tanto, serán tan seguras como duraderas.

Además, nuevos ensayos se realizan a partir de otros desechos nucleares que tienen sustratos como Torio o Tritio, y que podrían incluso aumentar la carga eléctrica de baterías de este tipo. Sin duda alguna estas investigaciones abren, un nuevo campo de desarrollo energético, que apuntala un futuro eléctrico y renovable.

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