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Adiós al Auto Personal

Tráfico interminable, polución, hacinamiento, son algunos de los factores que se están conjugando en las ciudades, y que motivan a pensar un nuevo orden del sistema de transporte. Los días de la libre circulación y el automóvil privado podrían estar llegando a su fin.

¿Qué ambicionan aquellos jóvenes que se integran al mercado laboral? Continuar estudiando, empezar una familia, viajar… Muchas son las personalidades y muchas las posibilidades, pero uno de los sueños comunes sigue siendo el ahorrar con miras a la adquisición del primer carro propio. Es así como, dejando de lado los bienes raíces, la adquisición de un automóvil es la decisión más trascendental para las finanzas personales, y una de las compras supremas a las que el ciudadano promedio puede aspirar. No obstante, que tal si le dijéramos que la siguiente generación puede ser la última que conozca el significado del auto de uso personal.

Desde la introducción del modelo “T” de Ford en 1908, se han fabricado más de mil millones de automóviles, y actualmente hay en circulación unos 650 millones en todo el mundo. A medida que países en vías de desarrollo como China, India, o algunos del África Subsahariana o América Latina, empiezan a lograr tasas de crecimiento estables, concomitantemente consolidan una clase media urbana, con patrones de consumo occidentalizados. Esto obviamente significa la ampliación del mercado automotriz, lo que durante el siglo XXI podría incrementar el número de vehículos en progresión geométrica. Pero como sabemos, el transporte es uno de los principales factores de presión medioambientales, tanto por los materiales que conlleva su fabricación, como por las emisiones que tiene su locomoción a partir de combustibles fósiles. Ello ha llevado al planteamiento de alternativas como los vehículos eléctricos (VE).

Sin embargo, para analistas como John Urry y Kingsley Dennis, autores del libro “Un Mundo Sin Coches”, la contaminación del aire es apenas uno de los serios problemas, precedidos por el automóvil. El agotamiento de las reservas mundiales de petróleo y de otros minerales, la explosión demográfica, el desperdicio energético y el imparable aumento del área de las urbes, representan poderosas fuerzas que ponen en entredicho, no sólo la base tecnológica del automóvil, sino y sobre todo, su régimen social. ¿Esto qué quiere decir? Fundamentalmente dos cuestiones, hoy el automóvil es un artículo de propiedad privada (un bien suntuario), y con él su dueño puede dirigirse a dónde le plazca (anarquía del tránsito). Empero estos preceptos tendrían sus días contados. Para los autores, en las futuras ciudades el ahorro de recursos y la concentración de tráfico y personas, conducirán inexorablemente a extremar la planificación de los recorridos de los automóviles, que serán preestablecidos (un modelo poco podrá salirse de sus márgenes); y serán únicamente de uso público, es decir se podrá utilizar un vehículo cuando se lo necesite y luego se lo deja para el siguiente usuario.

Para el arquitecto quiteño, Santiago Avilés Salguero, experto en urbanismo, radicalizar la organización vehicular serviría para resolver el colapso del tráfico, disminuir el tiempo de los desplazamientos, y además apuntalaría la transición a los autos eléctricos. “Las únicas dificultades de los VE están relacionadas con el tiempo de recarga, la tasa de simultaneidad y la autonomía. Ahora, si el parque automotor fuese exclusivamente público, podría incluso instalarse cargadores de inducción magnética a lo largo de las rutas —la tecnología existe y es perfectamente viable— con lo que los VE podrían cargarse en movimiento, y optimizar así el consumo de energía. Tendríamos una movilidad inteligente, y sin más pausas que el arribo al destino.”

Sin embargo, planificar rígidamente el uso de los automóviles en las ciudades y eliminar su pertenencia privada, acorde a la visión de Urry y Dennis, es todavía un escenario hipotético que conlleva desafíos técnicos, financieros y especialmente culturales. Avilés admite que es cierto que el uso actual del automóvil será visto en el futuro como una anomalía histórica, propia de un planeta con todavía recursos naturales a disposición, y con poca conciencia ambiental; situación que claramente no puede durar para siempre. No obstante, se muestra escéptico de la desaparición total del automóvil privado. “Claramente las ciudades harán muchos esfuerzos por multiplicar la capacidad de sus servicios de transporte público; tendremos todo tipo de trenes, buses y taxis, y todos serán propulsados eléctricamente, pero dudo que el auto personal esté camino a desaparecer.”

La razón por la que el vehículo se ha vuelto tan trascendental y apetecido en la sociedad moderna, va más allá de su uso como herramienta de trabajo, esparcimiento o como objeto de ostentación, sino que, según el experto, apela a uno de los deseos esenciales de la naturaleza humana. “Como constructor puedo señalarte que una casa es un símbolo de seguridad. Un automóvil, en cambio, perdurará en el imaginario y el anhelo de las personas, por ser un símbolo de libertad.”

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